Este pequeño bonsái de jade, puede llegar a una altura de 3 Mts. siendo originario del continente africano, cuyo hábitat por lo general tiende a ser de espacios tropicales, es un tipo de cactus por lo cual guarda grandes cantidades de agua en sus hojas ovaladas y posee un hermoso verde limón en época de crecimiento, cuando el pequeño árbol pasa por una pequeña sequía en otoño, suele florecer con pequeñas hojas blancas.
El bonsai de jade tiene una guía muy especifica de cuidados, por lo que se debe seguir con mucha atención, de ser así, solo nos queda disfrutar de este maravilloso arbusto. La posición, el riego, el abono y la poda es la guía practica y sutil para el cuidado de este esplendido árbol, lo cual solo nos queda en disfrutar de su hermoso color, también aprovechar y regocijarnos de las grandes cualidades espirituales y bondades que nos trae para nuestra vida personal y laboral.

Este bonsái, se conoce con el nombre de Jade, en algunas localidades al sur de América latina se le conoce como el árbol de la abundancia o árbol de la buena suerte, en países como Argentina se le da el nombre de árbol de la moneda.
A continuación te damos unos pequeños tips, para que mantengas esplendido y lleno de vida tu bonsái de Jade:
Posición:
Lo primero que debes hacer, es buscar el lugar adecuado para tu Jade, debes evitar lugares encerrados como habitaciones o salas, ya que no recibe la suficiente luz solar y el encierro tiende a secar sus hojas. Por ello te recomendamos ubicarlo en el patio de tu casa donde reciba indirectamente la luz del sol y no reciba el agua lluvia, pues este bonsái es de poca agua y se puede dañar.
Riego:
Para regar adecuadamente tu bonsái de Jade, debes tener en cuenta dos cosas, primero que este bonsái no requiere de grandes cantidades de agua, y segundo no requiere ser regado diariamente; dependiendo del tamaño de tu Jade lo regaras con pequeñas cantidades de agua hasta quedar húmeda la tierra y lo regaras cada 3 o 4 días dependiendo si la tierra esta seca, si esta ligeramente húmeda puedes esperar hasta el siguiente día para regarlo.

Poda:
La poda es quizás una de la técnica mas importante para nuestro bonsái, pues con ello logramos mantener su tamaño y con el tiempo empezar a dar forma de un mini árbol. Si deseas que tu Jade tome forma circular, empezaras a podarlo de tal manera que el empiece a crecer bajo la circunferencia que le des, ya que al podar una rama, empieza a crecer alrededor del corte con mas ramas y mas hojas. Todo depende de la forma que quieras darle a tu bonsái. Te damos un consejo, las antiguas civilizaciones tenían la creencia de hacer la poda en luna menguante, pues decían que al hacerlo bajo esta fase de la luna iba a crecer mas rápido y mas frondoso.
Origen y datos interesantes del bonsái de jade
El bonsái de jade pertenece a la especie Crassula ovata, una suculenta de la familia de las crasuláceas que aparece de forma espontánea en las laderas soleadas del sur de África. Allí desarrolla troncos gruesos y carnosos que almacenan agua, lo que le permite sobrevivir a largos periodos secos sin perder vigor.
En su hábitat puede alcanzar hasta tres metros de altura, aunque cultivado como bonsái se mantiene compacto y elegante. Si durante el invierno pasa unas semanas con temperaturas frescas y riegos escasos, a finales de la estación premia al cuidador con racimos de diminutas flores blancas o rosadas que contrastan con su follaje verde limón.
Beneficios energéticos y simbolismo
En la tradición del Feng Shui el jade se conoce como “árbol del dinero” porque sus hojas redondeadas recuerdan a las antiguas monedas de jade que simbolizaban la prosperidad. Colocar la maceta cerca de la puerta principal o en la zona sureste de la casa se considera un gesto que atrae oportunidades, abundancia y buena fortuna para los residentes.
Más allá de las creencias, muchos aficionados aseguran que cuidar este bonsái transmite serenidad. La rutina de observar sus brotes y controlar el riego se convierte en un momento de atención plena que reduce el estrés cotidiano y refuerza el vínculo con la naturaleza, incluso en espacios urbanos reducidos.

Posición: dónde colocar tu bonsái de jade
El jade necesita mucha luz para mantener su color intenso y su tronco grueso. Lo ideal es que reciba de cuatro a seis horas de sol suave, preferiblemente por la mañana o al final de la tarde, cuando los rayos no son tan intensos. El sol directo del mediodía puede quemar las hojas jóvenes, sobre todo en climas muy cálidos.
Si vives en un apartamento y solo puedes tenerlo dentro, sitúalo pegado a una ventana orientada al este o al oeste y gírala un cuarto de vuelta cada semana. Así evitarás que se incline hacia la fuente de luz y crecerá con una copa proporcionada. Ten presente que, si la temperatura baja de cinco grados, conviene resguardarlo en el interior para evitar daños por frío.
Riego: método del “dedímetro”
Antes de regar introduce un dedo dos centímetros en el sustrato; si notas la tierra completamente seca, es momento de hidratar la planta. Empapa la parte superior hasta que el agua empiece a salir por los orificios de drenaje y, muy importante, vacía el plato para que las raíces no queden encharcadas.
En verano suele bastar con regar cada cinco a siete días, mientras que en invierno el intervalo puede alargarse hasta dos o incluso tres semanas. Ajusta siempre la frecuencia al tamaño de la maceta, al grado de ventilación del lugar y a la humedad ambiental: menos es más cuando se trata de suculentas.
Sustrato y trasplante
El jade prospera en mezclas muy aireadas que imitan la grava y arena de su entorno natural. Una receta sencilla consiste en mezclar a partes iguales tierra para cactus y piedra pómez o grava volcánica; de ese modo el exceso de agua drena rápido y las raíces reciben oxígeno.
Conviene trasplantar cada dos o tres años, preferiblemente en primavera, cuando la planta vuelve a activarse. Después de cambiar de maceta deja el sustrato en seco durante una semana para que las raíces cicatricen sin riesgo de pudrición y reanuda el riego de forma gradual.
Abonado: alimento a su ritmo
Durante la época de crecimiento —primavera y verano— puedes añadir un fertilizante líquido para cactus diluido a la mitad de la dosis que indica el envase. Una aplicación mensual es suficiente para aportar los minerales que la planta va gastando.
En otoño e invierno, cuando las temperaturas bajan y el jade entra en reposo, evita abonar. El exceso de nutrientes en esta fase puede provocar que los tallos engorden demasiado deprisa y se agrieten, dejando heridas difíciles de cerrar.
Poda: arte y salud en miniatura

La poda se realiza a finales de primavera, cuando la savia circula con fuerza. Corta por encima del segundo o el tercer par de hojas: de ese punto nacerán dos brotes, lo que densificará la copa y permitirá ir moldeando la silueta. Trabaja con tijeras bien afiladas y desinfectadas para evitar la entrada de hongos.
Las ramas que retires pueden convertirse en esquejes. Déjalas secar cuarenta y ocho horas hasta que formen una costra en la base y plántalas después en un sustrato igual al de la planta madre. Con un poco de paciencia, tendrás ejemplares jóvenes para regalar o ampliar tu colección.
Propagación sencilla paso a paso
Escoge una rama sana de entre cinco y ocho centímetros de largo y elimina las hojas de la parte inferior. Deja el esqueje sobre una bandeja durante dos días para que el corte cicatrice y así se reduzca el riesgo de infección al plantarlo.
Colócalo en una maceta pequeña con sustrato seco y no riegues durante los primeros cinco días. Transcurrido ese plazo, humedece ligeramente la superficie y repite cada vez que veas el sustrato completamente seco. En tres o cuatro semanas aparecerán las raíces y el esqueje empezará a producir nuevas hojas.
Problemas comunes y soluciones rápidas
Si las hojas se arrugan y pierden firmeza, lo más probable es que la planta pida agua: aplica un riego profundo y retoma la pauta habitual. Cuando las hojas se vuelven blandas y translúcidas es señal de exceso de humedad; suspende el riego durante diez días y asegúrate de que la maceta drena bien.
Las manchas algodonosas en tallos y axilas corresponden a cochinilla algodonosa. El remedio más práctico consiste en humedecer un bastoncillo de algodón con alcohol al setenta por ciento y frotar con suavidad las colonias visibles. Repite cada semana hasta eliminar la plaga, evitando que se extienda a otras suculentas.



